Todo empezó justo un mes antes. Trabajaba para el gobierno, buena paga, trabajo ligero, sin embargo, la luz fosforescente de la fotocopiadora, mi herramienta de trabajo, empezaba a afectar mi vista, al menos eso creía yo.
Mis oficinas estaban ubicadas cerca de una desafortunadamente famosa casa supuestamente embrujada, donde murieron algunos miembros de la familia que hay residía.
La casa se ha convertido en toda una atracción desde entonces, debido, desde luego, a la explotación de la historia por uno de los sobrevivientes.
Ese apocalíptico día, todo era normal en mi oficina, el trabajo de siempre, amigos de siempre; así que decidí proponerles a mis compañeros, dar una visita a tan citada casa. Ellos accedieron así que durante la reglamentaria hora de comida, tendríamos nuestra visita relámpago.
Salimos del edificio, dimos vuelta por el callejón que da a las vías del tren, las seguimos hasta llegar al panteón, frente del cual se hallaba la casa.
Recuerdo que una sensación de que alguien me observaba se acrecentaba con cada paso, miré a mi alrededor, pero solo estaban mis compañeros de trabajo, dos pasos delante de mi.
- Apurate Edgar, solo tenemos una hora – dijo uno de ellos.
- Ya voy – respondí, acelerando el paso.
A la entrada de la casa había una decena de personas, esperando la visita guiada de las 11 de la mañana. Cinco minutos mas tarde estábamos dentro de un patio enorme, la casa tenia dos pisos, todas las habitaciones tenían ventanas que daban hacia nosotros, nada fuera de lo normal.
El guía daba su charla con un ligero tono de hastío, pues, siempre era el mismo guión: “Aquí se ahorcó…esta ventana se rompió cuando…en este lugar fue asesinado el famoso bandido…”. Así la cosa.
Tanta palabrería empezaba a aburrirme, cuando sentí nuevamente una mirada sobre mí, pero, esta vez mas intensa. Mi instinto guió mi vista hacia las ventanas del segundo piso. Ví la silueta de un niño corriendo por los cuartos, me sentí un poco decepcionado, y solté una carcajada que llamo la atención del guía, quien inquirió el motivo de ella.
Le comenté acerca de la silueta del niño, a lo que el pregunto a todos: “¿Alguien trajo niños consigo?” La respuesta fue un sonoro: “No”. Sentí que mi cuerpo se congelaba, “¿Entonces que fue? El guía y las personas voltearon hacia las ventanas del segundo piso, pero después de un par de minutos de deliberación y burlas de mis compañeros de trabajo, la visita continuo.
Mientras todos miraban hacia el supuesto pozo sin fondo, yo dirigí mi mirada hacia el segundo piso nuevamente, y ahí estaba el niño nuevamente; sin embargo había algo raro en el, su piel, estaba como quemada, y sus brazos eran enormes, mi curiosidad me llevó, a acercarme mas y justo en ese instante, grité y me desvanecí…
Cuando desperté, estaba sentado en mi escritorio, mis compañeros me miraban asombrados, aguantándose las ganas de reír.
- ¿Pero que te paso, Edgar? – preguntó burlonamente uno de ellos – parece que viste un fantasma.
- No, no era un fantasma… – respondí con los ojos empapados en llanto.
No pude decir una palabra más. Rompí en llanto ante los atónitos ojos de mis compañeros de trabajo, ¿Cómo describirles lo que había visto? Debía borrarlo de mi mente a como diese lugar, borrar ese ojo que me miraba directamente, me seducía, me juzgaba.
Finalmente me dieron el resto del día libre, llegue a casa, trate de comer algunas sobras de pizza del día anterior, y me fui a la cama.
Al día siguiente, mi jefe comento que estaba demasiado pálido, que era mejor que tomara algunos días para reponerme y cuando me sintiera mejor me presentara.
Me tomó una semana para lograr casi borrar esa imagen de mi mente, regresé al trabajo, y todo transcurrió con normalidad, hasta el día de ayer…
Viernes, había sido una semana espectacularmente llena de trabajo, así que mis compañeros y yo decidimos ir a algún bar, “A bajar el stress” decíamos.
Así pues, llegamos, soportamos la revisión forzosa a la entrada y tomamos nuestra mesa. Dos horas y dos botellas de tequila más tarde la conocí.
Cabello dorado, largas y torneadas piernas, ojos azules, enormes senos, deliciosa cadera. Me miró, se acercó con su delicado paso, y me habló al oído.
- ¿Por qué tan solito? – preguntó.
- Nadie me quiere en este mundo – dije con voz sarcástica.
- ¿Puedo acompañarte?
Asentí. Me explico su tarifa y accedí gustoso, una hora mas tarde estábamos en un hotelucho, yo dándole mi amor y ella recibiendo mi dinero. Cerca de las doce de la noche me vestí dejé el dinero sobre la cómoda al lado de la cama.
En el taxi de camino a casa, una sensación maligna invadía mi cuerpo mientras mas me acercaba a mi destino. Entre asustado a mi departamento, cerré la puerta con doble cerrojo y me metí en la cama con los zapatos puestos. Debido a las copas me dormí inmediatamente, y cerca de las dos de la madrugada, unos pasos me despertaron.
Traté de voltear, pero todos los músculos de mi cuerpo estaban rígidos. En la oscuridad sentí que alguien saltaba a mi cama y me tomaba por la espalda, tratando de asfixiarme. Con todas mis fuerzas, logré mover mis brazos, y tomar aquellos que me aprisionaban.
Su piel se desmoronaba ante mi, ¿Qué era eso? Logré dar la vuelta, y lo vi.
Ante mi, estaba el ojo el mismo que vi en la casa, su rostro parecía estar sobrepuesto, su cuerpo era pequeño y tenía unos brazos enormes. Sentí que las fuerzas se me iban, comprendí que moriría, y recé: “Padre nuestro, que estas en los cielos…En tus manos, encomiendo mi alma…”
“No. No puedo morir, debo luchar.” Tomé nuevamente sus brazos y los desgarré por completo, lo golpee, hasta que solo quedó su cabeza y su ojo, ese terrible ojo, mirándome, entre las tinieblas, seduciéndome…
Mi reloj marca las dos de la madrugada, no se si el tiempo pasa, no se cuanto llevo mirándome en el espejo, mirando al ojo del demonio que cuelga de mi rostro…
