Se graduaría con altos honores, en la escuela de radiología, esto le permitiría encontrar de inmediato un trabajo estable, para ayudar a subyugar los gastos necesarios en la educación de sus dos hijas, además le permitiría, a un corto plazo, hacerse de nueva casa, nuevo automóvil, en fin nuevo estilo de vida.
Hijo de familia trabajadora, madre cocinera, padre mecánico, el abanico de posibilidades nunca estuvo tan abierto como ahora.
La vida había sido difícil, nunca tuvo la oportunidad de estudiar cuando era mas joven. Entró a trabajar en el mismo hospital en que su madre cocinaba. Primero lustrando los pisos, pero, su feroz dedicación lo llevo a conseguir un puesto administrativo. Fue ahí donde la conoció.
Después de algunos amoríos fallidos, se encontró con alguien con el mismo tipo de feroz carácter, Aurora. Ocho años mayor que él, mujer divorciada por definición, viuda de amor, pero aún casada con el compromiso de hacer triunfar a sus dos hijas.
Esto le dio a Pablo el plus que necesitaba para triunfar en la vida. Incitado por Aurora, decidió entrar en la escuela de radiología, lo cual sería a la vez, su fortuna y su perdición.
Algún tiempo atrás, en una fatídica noche, Pablo despertó sobresaltado, el cuerpo sudando y con grito ahogado en lo mas profundo de su ser. “Un sueño, solo un sueño”, decía para si, mientras Aurora lo abrazaba a manera de consuelo. Después de un rato, el se atrevió a hablar de ello.
- Fue horrible, -decía con voz entrecortada- me encontraba en el hospital, revelando algunas placas en el cuarto oscuro, entonces, en una de las esquinas vi que algo oscuro se movía.
- ¿Qué era? –preguntó ella con voz tierna- ¿Un animal?
- Si, era una rata, -respondió- y de donde salió, llegaron muchas mas, me acorralaron empezaron a roer mi carne, mis huesos, pero no mi cara, parece que querían dejarme lo suficientemente conciente para que viera como me devoraban poco a poco, todos los órganos de mi cuerpo.
Ni Pablo ni Aurora, cruzaron mas palabra aquella noche, ella lo aferro a su pecho hasta que el quedó nuevamente dormido.
Los sueños se repetían con mayor frecuencia mientras el pasaban los días, y la desesperación de Pablo era aun mayor. Por las calles veía a las ratas por todas partes, saliendo de las coladeras, asomándose por las ventanas y grietas de las casas. Incluso salió corriendo extensivas veces de algunos restaurantes, en los que solía cenar con Aurora.
Era totalmente ilógico que hubiese ratas en el hospital, debido a que, desde hacía muchos años, el hospital estaba infestado de gatos, que habían tomado casi total control de los jardines, y de la azotea. Esto le hacia sentirse mas seguro en el hospital, así que su trabajo era el único escaparate que tenía entre la realidad y sus pesadillas. Hasta que llego el gran día.
Se vistió de traje, para la celebración de entrega de diplomas. Debido a su excelente desempeño, el sería el encargado de ofrecer el discurso de su generación, el cual había ya preparado, con ayuda de Aurora, desde hacia ya algunas semanas. Subieron juntos al carro, y tomaron el camino mas largo, para disminuir la tensión de hablar en público.
La visión de las ratas por todas partes era algo ya tan común, que lograba ignorarlas la mayor parte del tiempo. Las ratas lo perseguían esa noche como desquiciadas, no lo notó, pero todo un ejército de ratas, corría detrás del automóvil, tratando de comunicarle algo. Ojalá hubiese podido escuchar el mensaje que ellas trataban de darle.
Llegaran al gran auditorio, donde habría de ocurrir la ceremonia. Al bajar del automóvil, se apresuro a abrir la puerta de su acompañante, justo en ese instante, volteo hacia la parte trasera y vio a ese inmenso ejército.
Debido a la gran impresión, se desmayó al instante. Aurora se apresuro a bajar, pero al voltear hacía donde su amado, se encontró con una fila de automóviles sin rastro alguno del ejercito que los perseguía.
Pablo despertó cerca de la una de la madrugada, su cabeza daba aún vueltas, tratando de comprender lo sucedido. Todo fue en vano, cuando quería recordar, la imagen se borraba al volver la mirada al estacionamiento.
De pronto sintió que algo se movía debajo de sus sabanas, asomó levemente su cabeza, y lo que observó lo obligó a levantarse de su cama en el hospital, sin darse cuenta que el suero intravenoso arrastraba desde su brazo a cada paso que daba, corrió instintivamente hacia el cuarto oscuro de la sala de rayos x.
Se apiñonó en una esquina y decidió, pensar en algo que lo sacara de ese oscuro trance. Después de un rato, decidió, por fuerza de la razón, salir de su escondite, recordando que en los jardines, habría de estar mas seguro.
Sentose en una banca y ya mas relajado, recordó que las ratas que había visto nunca se abalanzaron hacia el, mas al contrario, parecía que trataban de advertirlo.
Súbitamente, apareció nuevamente el ejército de ratas formando un círculo a su alrededor. Estaban protegiéndolo, pero, ¿de que?
De la oscuridad apareció una figura enorme, del tamaño de un caballo. La primer imagen clara que consiguió ver, fueron unos enormes colmillos, después unos ojos verdes terribles.
Era un gigante y rabioso gato negro que daba ahora zancadas hacia el. Las ratas se abalanzaron en vano hacia aquel mounstro, el cual con unos cuantos zarpazos acabo con el nutrido batallón.
Pablo corrió hacía la puerta del jardín, pero fue muy tarde, el gato habiase puesto justo enfrente de el, y con un incisivo movimiento de una de sus garras, cortó por la mitad su cuerpo.
No grito, pues se quedó sin palabras al observar como el gato, devoraba sus piernas, sus brazos y por ultimo su torso. Continuó conciente hasta que el gato mordió su corazón, haciéndole perder por fin la conciencia.
Entonces abrió los ojos, sintió que no podía mover los brazos ni las piernas y al mirar hacia abajo, no había piernas, ni cuerpo. Soltó un ligero grito, al observar que algunas ratas se acercaban y roían sus ojos, al tiempo que escuchó a una de ellas, decir: “El gato, mi señor, discúlpanos por ofenderte, gracias por tu nobleza y por este manjar que nos das. Nunca volveremos a fallarte, jamás.”
Fueron las últimas palabras que en vida escuchó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario